Perdonar es uno de los mayores desafíos de la vida.
Porque casi siempre encontramos razones para no hacerlo.
Razones para aferrarnos al dolor.
A la ira.
Al resentimiento.
O a esa pequeña voz interior que sigue recordándonos lo que ocurrió.
Y, sin embargo, cada vez que nos aferramos a una herida, seguimos unidos a ella.
Por eso el perdón es una encrucijada.
Una elección.
¿Sigo alimentando el dolor?
¿O elijo liberarme de él?
Porque perdonar no significa justificar.
Ni olvidar.
Ni decir que estuvo bien.
Perdonar significa dejar de cargar con aquello que ya pesa demasiado.
Significa recuperar la paz que pertenece a tu corazón.
Y quizá hoy puedas preguntarte:
¿Qué ganaría si dejara de sostener esta herida?
Porque a veces creemos que el perdón libera al otro.
Cuando en realidad quien más se libera eres tú.
Y como sé que muchos queremos recorrer ese camino, voy a compartir contigo una oración.
Es una oración canalizada para este propósito por Lisa Barnett.
Cuando la leas, lleva tu atención al corazón.
Y permite que las palabras hagan su trabajo.
El perdón no cambia el pasado.
Te libera para vivir el presente.
LA ORACIÓN
Divinidad, Espíritu, Origen, por favor, hazme entrar en un
estado de perdón hacia todo aquel o todo aquello que me haya hecho daño,
consciente o inconscientemente, desde el principio del tiempo hasta el momento
presente. Yo ahora les perdono y me libero de la energía del pasado.
Divinidad, Espíritu, Origen, por favor, hazme entrar en un
estado de perdón hacia mí mismo/a por cualquier daño que yo haya causado a los
demás, consciente o inconscientemente, desde el principio del tiempo hasta el
momento presente. Yo ahora me perdono y me libero de la energía del pasado.
Divinidad, Espíritu, Origen, por favor, hazme entrar en un
estado de perdón hacia mí mismo/a por cualquier daño que me haya causado a mí
mismo/a, consciente o inconscientemente, desde el principio del tiempo hasta el
momento presente. Yo ahora me perdono y me libero de la energía del pasado.
Invoco la gracia y el poder del perdón para transformar mi cuerpo, mi mente y mi corazón, mientras regreso al estado de divina inocencia. Así sea.