Hoy quiero hablaros sobre la maestría. Ser maestro no es acumular cursos y/o diplomas. Para mí un maestro no el que más títulos tiene sino el que ejerce, aplica y comparte lo que sabe, con palabras y con actos.
Vivimos en el siglo de la comunicación. Tenemos documentación a nuestra disposición por todas partes, estamos bombardeados por información y acumulamos muchas veces datos y teorías que no somos capaces de asimilar y mucho menos de llevar a la práctica. Entonces, ¿para qué nos sirve? ¿Para llenar nuestro historial y ralentizar nuestro sistema operativo?
La maestría a la que yo aspiro consiste en la felicidad. La felicidad es una decisión y las decisiones requieren acción para poder llevarlas a cabo. Para mí la felicidad consiste en ir más allá de las apariencias, en no practicar el autoengaño, en superar mis propias excusas, en vivir conforme a mi escala de valores, en definitiva, en disfrutar la vida.
Para mí la maestría consiste en tomar las riendas de mi vida, superar los obstáculos, perseverar en las dificultades y mantener siempre la FE. La maestría es aceptar la vida con sus luces y sus sombras. Es caer ylevantarme. Es ser y aceptar mi vulnerabilidad que no es debilidad.
Por eso, mi propuesta para ti hoy es animarte a que descubras tu maestría y que lo hagas con mucho amor hacia ti mismo, con mucha generosidad; mi propuesta incluye que te cuides como si cuidaras a tu ser más querido y desde ahí, comiences a revisar tus creencias, tus prioridades, tus talentos, tus dones y virtudes. Luego, permítete soñar y permite que esos sueños se hagan realidad.
¡Feliz maestría!
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