La libertad no consiste solamente en poder elegir, sino también en desarrollar la capacidad de llevar a cabo aquello que hemos elegido.
Un ejercicio para fortalecer la voluntad
¿Te has fijado en cuántas cosas hacemos porque tenemos que hacerlas y cuántas hacemos porque hemos decidido hacerlas?
Hoy quiero proponerte un pequeño ejercicio.
Elige una acción sencilla que normalmente no harías por necesidad ni por obligación.
Por ejemplo, regar una planta, escribir unas líneas o salir a caminar cinco minutos.
Decide a qué hora vas a hacerlo y comprométete a cumplirlo cada día durante un tiempo.
La clave está en algo muy sencillo: que seas tú quien toma la iniciativa y que respetes tu propia decisión.
¿Por qué este ejercicio?
Porque habitualmente nuestra conducta está condicionada por las obligaciones, las circunstancias o incluso por nuestro estado de ánimo.
Sin embargo, cuando decidimos hacer algo y lo llevamos a cabo, aunque no tengamos una razón externa para hacerlo o no tengamos demasiadas ganas, estamos ejercitando nuestra voluntad.
Y aquí aparece algo importante: **la libertad no consiste solamente en poder elegir, sino también en desarrollar la capacidad de llevar a cabo aquello que hemos elegido.**
No se trata de hacer grandes cosas. Se trata de aprender a sostener una pequeña decisión.
Porque la voluntad también se ejercita.
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