Hoy quiero hablarte de algo importante:
Nadie salva a nadie.
A veces creemos que estamos ayudando a otras personas…
pero en realidad estamos intentando evitarles un proceso que necesitan vivir.
Y lo hacemos porque miramos la vida desde nuestra propia perspectiva.
Imagínate esta escena:
Hay un río.
En una rama, un mono cuelga sujetándose con un brazo.
Con el otro, saca un pez fuera del agua y le dice:
“Te acabo de salvar de morir ahogado”.
Y ahí comprendemos algo esencial.
Lo que para uno es salvación…
para otro puede ser sufrimiento.
Muchas veces, cuando intentamos “rescatar” a alguien sin que nos lo haya pedido, nos colocamos en el papel de salvadores.
Pero ayudar no siempre es intervenir.
A veces, el mayor acto de amor es respetar el proceso del otro.
Aunque no lo entendamos.
Aunque nos duela.
Aunque haríamos las cosas de otra manera.
Porque cada alma tiene su camino.
Su aprendizaje.
Su tiempo.
Y quizá por eso las lecturas de Registros Akáshicos son tan reveladoras.
Porque nos ayudan a mirar más allá de nuestra visión limitada.
Nos muestran una perspectiva más amplia del camino del alma.
Y muchas veces comprendemos que aquello que queríamos cambiar, evitar o resolver… también estaba formando parte de un aprendizaje mayor.
Y por eso hoy quiero recordarte parte de la canalización que os compartí ayer:
“Su destino él decide y se ha de respetar.
Libre él se siente ahora.
Ansiadas las libertades
se han de respetar.”
Ahora que ya sabes esto…
quizá puedas empezar a confiar más en los procesos de los demás.
Sin cargar con sus vidas.
Sin intentar salvarles.
Sin olvidar que cada alma está recorriendo el camino que necesita.
No viniste a salvar almas.
Viniste a honrarlas.
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