¿Y si ya no somos exactamente la misma persona que hizo la pregunta?
Buscamos encontrar el sentido de lo que estamos viviendo,
necesitamos luz sobre aquello que no logramos comprender.
Y entonces la lectura nos da información. Amplía nuestra
visión y pone luz en partes que estaban ocultas para nosotros.
Pero claro, información y comprensión son dos temas
diferentes. Podemos buscar información en Google sobre cualquier tema concreto
y no comprender el significado.
¿Por qué ocurre esto con las lecturas?
Porque la información que recibimos precisa de un tiempo
para integrarse. Nuestra mente recibe información que no estaba en sus planes,
en su lógica, y precisa de un tiempo para que vaya asentándose. Y necesita de
nuestra reflexión. Ese es uno de los poderes de nuestra mente, nos ayuda a analizar,
a separar y también a integrar, para llegar a la comprensión.
Y esa comprensión, además llega por niveles. La primera vez comprendes
un poquito más sobre tu pregunta. A los tres meses, vuelves a leer y se despierta
algo más en ti. Y tres meses más tarde, comienzas a formularte nuevas preguntas,
porque esa información recibida seis meses atrás, te ha ido transformando y, afortunamente,
ya no somos la misma persona que hizo la pregunta. Hemos avanzado.
Y la información que recibimos la hemos ido llevando a
nuestra propia experiencia, unas veces con silencio y otras con acción.
Hay un momento en el que sientes que todo encaja y empiezas
a mirar desde otro lugar porque la lectura ha ampliado tu mirada. Y tus nuevas
preguntas, llevarán incorporada esa comprensión. Y así es como, lectura a
lectura tú también avanzas en tu autoconocimiento, en la comprensión de tu
vida.
A veces, esperamos una respuesta concreta. Pero los registros
akáshicos nos regalan algo mucho más grande que esa respuesta concreta. Su mayor
regalo es el avance constante al que nos invitan y acompañan.
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