Somos fragmentos del infinito
viviendo una experiencia finita.
Nuestra alma comprende que la
vida está llena de ciclos, aprendizajes y encuentros que vienen a
transformarnos.
Pero nuestra parte humana también
siente. También duele.
Perder a alguien amado, por
ejemplo, puede abrir una herida profunda. Y aunque una lectura de registros
akáshicos pueda mostrarnos el sentido más amplio de esa experiencia, eso no
significa que el dolor desaparezca.
Comprender desde el alma no
elimina lo que sentimos como seres humanos. Y está bien que así sea.
Nuestro verdadero poder está en
poder sostener ambas cosas: La sabiduría del alma y el dolor del corazón.
Y el dolor, cuando aparece,
necesita ser atendido, escuchado y abrazado.
A veces podremos hacerlo solos. Otras
veces necesitaremos pedir ayuda. Y pedir ayuda también es parte del camino.
Porque estamos aquí para aprender
algo muy profundo:
A caminar como seres finitos
mientras recordamos que, en esencia, somos infinitos.
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